lunes, 28 de mayo de 2012

La Dama del Faro


Christie la llamó para que entrara a desayunar, quedaba bizcocho del día anterior y un poco de leche recalentada. Ella estaba sentada mirando el vuelo de las gaviotas desde la ventana de la cocina, no podía ver a Alice, que la contemplaba desde las escaleras con expresión sombría.
La pequeña de los hermanos se sentó en la mesa sin decir nada. ¿Debería contarle a Christie lo que había hablado con Baltasar? ¿Y sus sospechas, debía compartirlas? Pero Christie no parecía tener ganas de hablar, recogió sus cosas y las fregó con el agua que traía del pueblo mientras murmuraba algo de comprar un caballo. Luego se secó en su delantal y subió a su habitación.
Sissy entendió que su hermana no se encontraba bien, debía estar en esos días del mes que para ella eran realmente dolorosos. Le subía la fiebre y se mostraba tan cansada que a veces no podía ni salir de la cama, entonces Sissy lo hacía todo por ella y se convertía en la hermana mayor y responsable que debía cuidar a la enfermita.
Alice se acercó a ella con los brazos cruzados y los labios fruncidos, clara señal de enfado, se quedó mirándola fijamente pero sin decirle nada.
– ¿Qué pasa? – Le preguntó al fin la rubia.
– Has soñado con el chico ese.
– ¿Con qué chico? ¿Qué dices?
– Con el de ayer, el de la playa. – Le aclaró Alice.
Sissy suspiró, no recordaba sus sueños pero siempre habían dicho que hablaba mucho cuando estaba dormida, así que veía normal que Alice se hubiera enterado de algo. Aún así, en ese momento, lo que pudiera ella soñar le era indiferente. No se quitaba de la cabeza a la sirena, su canción, y a su hermano.
– Vamos a pasear, Alice.
La niña se mostró de acuerdo y salió con Sissy del faro. Ésta andaba unos pasos por detrás de ella, con la cabeza gacha, y de vez en cuando miraba el mar pensando en quien sería la dama del faro de la que hablaba la canción y como habría terminado su historia de amor.  Y como si el mar hubiera leído sus pensamientos, una voz le trajo la respuesta.
Era el mar el dueño de su amor / el tritón no podía salir de su error / como iba él a imaginar / que tal bella dama no pudiera llorar / lágrimas de angustia por no ser como él / y por siempre con el mar / ella quisiera estar.
 Si bien Sissy no entendió estos versos Alice parecía comprenderlos perfectamente. La niña se mostraba distante con las sirenas, no le gustaban, las temía pero también respetaba. Y las mujeres del mar no parecían notar su presencia.
– ¿Entiendes que quieren decir? – Le preguntó Sissy.
Alice asintió pero no se lo explicó hasta que la canción terminó.
... por eso ella al mar se lanzó.
– Es una tontería – le dijo –, y no tiene ningún sentido.
– Bueno, pero explícamela.
– El tritón estaba enamorado de la dama, pero ella amaba el mar.
Sissy frunció el ceño, eso lo había entendido, iba a preguntar algo más cuando vio una silueta acercarse a la playa, el corazón le dio un salto mientras Alice soltaba un bufido.
– Yo me voy de aquí – Declaró la niña, y antes de que su amiga pudiera decirle nada ya había desaparecido.

jueves, 24 de mayo de 2012

They call her Cinderella.


Capítulo 15. El baile.
Las puertas del salón se abrieron nada más rozarlas y cientos de pares de ojos se giraron para mirarnos. Nosotros avanzamos por la pasarela, la alfombra roja, hasta llegar al príncipe y le hicimos una reverencia. Lo había visto en tantas películas...
- Vosotros no, amigos míos. – Nos dijo el niño – Realmente soy yo quien debo inclinarme, pues venis del mundo exterior y habéis sido capaces de llegar hasta aquí siguiendo un sueño.
Y se inclinó, y con él todos los presentes. Luego, aplausos. Comenzó la música pero nadie bailaba, todos estaban expectantes y, el mismo Michael, miraba a Siete esperando algo.
- ¿Me concedes este baile?
Enrojecí y no pude evitar una sonrisa. Un vals. El vals de las flores. Me dejé llevar por el sonido de la música, por Siete, por su alegría. Recordé todo lo que había pasado, porque estaba allí, por Cornelia, pero, en ese momento, no quise pensar en ella. Por fin, tras días de viaje y sufrimiento, por no saber donde estaba y buscarla, iba a encontrarme con ella pero, lo mejor de todo, es que Siete iba a estar a mi lado.
- No me habías dicho que eras del mundo exterior.-Susurré.
- Lo recordé anoche.
- ¿Recordaste algo más?
- Sí. Pero no te lo voy a decir. – Y se rió mientras me levantaba en el aire.
Cuando acabó nuestro baile nos retiramos un poco para que el resto de personas pudieran salir. Las niñas fueron presentándose una a una, el príncipe bailó con casi todas. Aún así, para que no se aburrieran, habían más niños en el salón que aceptaban bailar con ellas y un gran buffet.
¿Quién sería la elegida? Fue la pregunta más realizada. Las horas pasaban y el príncipe no anunciaba nada. Ya las conocía, había hablado con ellas, alguna tenía que haberle gustado. Y entonces la vi.
Al pie de las escaleras, bailando con otra niña, Cornelia se reía. Iba vestida de lila, con un traje muy sencillo y el pelo recogido. Pero, al girar y ver a la otra niña... También era ella. Con otro vestido y el pelo suelto. ¿Qué ocurría? ¿Por qué habían dos Cornelias?